Había una vez una mamá y una chica que la mamá la abandonó porque no tenía más plata para cuidarla. Ella se llamaba Sofía y la mamá se llamaba Mariela. La chica no entendía porque una señora siempre le daba plata.
Un día Sofía encontró una carta que decía lo siguiente: Querida hija, te abandoné porque no tengo más plata. Te mando una foto tuya de cuando eras bebé. Te quiero mucho, tu mamá.
Una vez Sofía le preguntó a Mariela: No sé quién sos pero decirme toda la verdad.
Y Mariela le dijo: Te contaré toda la verdad con una condición, si me decís si leíste la carta.
La hija le dijo: Sí, he leído la carta.
Y Mariela le contó toda la verdad. Entonces Mariela antes había adoptado una hija y la otra hija que se llamaba Martina le dijo a su mamá: Mamá ¿Quién es ella?
Y su mamá le dijo: Mi hija perdida.
Martina era mala y Sofía era buena. Después de un tiempo, Sofía aprendió a leer y escribir. Sofía era más linda que Martina. Martina tenía un novio. Su novio se llamaba Manuel. Manuel se enamoró de Sofía.
La hermana tramó matarla. Entonces a la medianoche, Martina puso a Sofía en una bolsa, la puso en el mar y la corriente se la llevó.
Al otro día, Martina se hizo la desentendida. Después de un tiempo, Sofía se despertó y había llegado a una isla.
En esa isla había un mono. Se habían hecho buenas amigas. La mona se llamaba Candela. Candela la ayudó a Sofía a hacer un barco. Ahí pudo llegar a Hollywood, donde ella vivía.
La mamá le preguntó a Sofía si quiere que ella ponga a su hermana en un orfanato y Sofía dijo: no hace falta, la próxima cosa que no haga malo, yo te voy a pedir que la pongas en el orfanato.
Y vivieron felices por siempre.
FIN.
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